domingo, 30 de octubre de 2016

Mentiras: la astrología

Todos estamos más o menos familiarizados con la astrología. En los horóscopos de revistas y periódicos, las más eminentes mentes de esta pseudociencia te guían en el amor, predicen tu suerte o te dan vagos consejos sobre cómo administrar tu dinero. En los canales de televisión, eminencias aún más importantes hacen lo mismo, aunque cobrándote dinero y en horas intempestivas. Desgraciadamente, la astrología se ha incrustado en las arterias de nuestra sociedad y subsiste chupando nuestra sangre.
Un astrólogo en plena jornada laboral.
Quiero explicar en qué se fundamenta la astrología porque, aunque sé que la gran mayoría de los que seguís Ciencia de Sofá no creéis en ella, tal vez compartiréis esta publicación y la verá alguien que está al borde de caer en las redes de algún cantamañanas. Si puedo ayudar a que alguien se ahorre algún dinero y que éste no acabe en las manos de un farsante, estaré contento.

La astrología es un sistema de adivinación que pretende relacionar el movimiento de los planetas y las estrellas con la personalidad y el futuro de la gente. Según la astrología, da igual cuánto te esfuerces en ser una buena persona o en labrarte un futuro decente, porque al final todo lo determinará la configuración del cielo en el momento en el que naces.
¿Y cómo consigue hacer estas predicciones, supuestamente?
En el sistema solar, los planetas se mueven todos en el mismo plano y relativamente cerca de nosotros. Las estrellas, en cambio, están muy lejos y dispersas a nuestro alrededor en todas las direcciones.
Es decir, que podríamos comparar el sistema solar con un disco metido en el interior de una caja inmensa: los planetas estarían todos encima del disco y las estrellas cubrirían el interior de las paredes de la caja.
Debido a la rotación del planeta, desde nuestro punto de vista, vemos las estrellas salir por un punto del horizonte y esconderse por otro, todas siguiendo la misma dirección y sin perder la posición relativa entre ellas. Los planetas, al estar todos encima de este “disco”, se mueven sobre una misma línea en el cielo (llamada la eclíptica). Además, al encontrarse más cerca que las estrellas y tener cada uno sus propias características orbitales, los planetas se mueven a una velocidad diferente a éstas.
Hay 12 constelaciones que se encuentran sobre esta línea que siguen los planetas en el cielo. Estos 12 grupos de estrellas con “forma” son los que dan nombre a los signos astrológicos que aparecen en el horóscopo.
Según los astrólogos, el movimiento del sol y los planetas a través de estas constelaciones sirve para predecir sucesos que tienen lugar a nuestro alrededor.
Hmmm… A primera vista eso no parece tener mucho sentido, ¿Cuándo y dónde surgió esta idea?
La astrología como tal surgió hace unos 4.000 años, en babilonia.
Los babilonios arrastraban la creencia en la influencia de los astros sobre su entorno desde que el ser humano descubrió que podía mejorar su calidad de vida prediciendo con antelación los cambios de estación gracias al movimiento del sol. Desde entonces, los seres humanos hemos estado obsesionados con el cielo.
Primero nos dimos cuenta del efecto de la Luna sobre las mareas y poco a poco fuimos descubriendo que la posición de los astros en determinadas épocas del año nos ayudaba a anticipar fenómenos naturales que podían resultar beneficiosos o perjudiciales para nosotros y tomar medidas al respecto.
Los egipcios son un buen ejemplo de ello.
Su supervivencia dependía de la crecida anual del río Nilo, que inundaba las orillas y las cubría con nutrientes que posibilitaban la agricultura en el seco entorno desértico. Se trataba de un acontecimiento muy importante que se alargaba durante unos cinco meses, pero los habitantes de la cuenca del Nilo tenían que estar preparados para su llegada: con una subida de entre 7.6 y 13.2 metros (según el punto del río), era necesario construir y preparar barreras de contención para proteger los asentamientos de las inundaciones.
El curso del río Nilo se distingue fácilmente porque abre una brecha de vegetación en medio de la hostilidad del desierto.
Los egipcios necesitaban una manera de predecir cuándo tendría lugar la inundación, pero no tenían un calendario en su casa en el que poder ir contando los días que faltaban para que ocurriera. Por suerte, en el cielo hay acontecimientos que pueden servir de “marcadores” temporales: los planetas y las estrellas tienen un comportamiento cíclico muy regular, de modo que se pueden usar como referencia del transcurso del tiempo.
Los egipcios notaron que la crecida del río Nilo empezaba poco después de que Sirio, la estrella más brillante del firmamento, hiciera su aparición en el cielo nocturno.
La estrella más brillante de la imagen es Sirio. Se puede ver como las tres estrellas del cinturón de Orión apuntan hacia ella. Esto ha vuelto locos a astrólogos durante toda la historia. (Fuente)
Pero en aquella época no sabían del cielo lo que sabemos hoy gracias a la gran cantidad de avances técnicos que han tenido lugar durante 4.000 años, por lo que les resultaba difícil asumir que la aparición simultánea de Sirio y la crecida del río Nilo eran pura casualidad.
Ante la falta de una explicación mejor, los egipcios convirtieron en un ser sobrenatural ese punto especialmente brillante que flotaba en el cielo sin caerse y cuya aparición traía abundancia de alimentos.
Para ellos no era descabellado que, lo que ahora sabemos que es una bola de plasma flotando en medio del vacío, fuera la manifestación de una entidad a la que no parecían afectarle las leyes terrenales. A esta estrella que “traía” la abundancia la llamaron Sopdet, que aparece representada en su mitología como la diosa de la inundación que traía la prosperidad.
Y de esta manera nacían los dioses de muchas culturas y la creencia en que los sucesos que tenían lugar en el cielo eran los responsables de lo que ocurría en la Tierra.
Los egipcios usaron la astronomía principalmente con finalidades prácticas (para construir su calendario y gestionar la agricultura) y espirituales (orientaban sus tumbas hacia el norte para facilitar la transición de los espíritus hacia el otro mundo).
Fueron los babilonios los que tomaron esta ciencia en desarrollo y la llevaron al extremo por el camino incorrecto.
En la antigüedad nadie podía comprobar experimentalmente por qué unos pocos puntos brillantes del cielo se comportaban de manera distinta a todos los demás (el caso de los planetas y las estrellas que he explicado al principio), así que supusieron que aquellas lucecillas desobedientes debían ser entes que no hacían caso a las leyes celestes.
Los babilonios conocían los cinco planetas visibles a simple vista (Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno), aunque no sabían que eran planetas, claro, así que cada uno de ellos representaba un dios distinto en su mitología. Ellos creían firmemente que su movimiento en el cielo a través de las constelaciones determinaba los acontecimientos que tendrían lugar el mundo terrenal, precisamente porque ciertas conjunciones astronómicas parecían coincidir con algunos fenómenos naturales (como en el caso de la inundación del Nilo).
Para intentar descifrar la manera en la que los dioses decidían sobre su futuro, intentaban relacionar los movimientos del cielo con cualquier cosa que ocurriera. ¿Un rey moría? Vaya, vamos a ver cómo está el cielo… ¡Dios mío, Marte pasa por delante de la constelación de Tauro! ¡Culpemos a esta conjunción de todos los males que ocurran cuando tenga lugar!
A base de relacionar conjunciones astronómicas con cualquier cosa que ocurría a su alrededor durante siglos, terminaron por desarrollar un sistema de predicción basado en la relación entre eventos al azar. Y así nació la astrología.
Ay, babilonios, si pudierais ver la que habéis liado.
Por supuesto, a veces algunos de estos eventos astronómicos coincidirían por pura casualidad con un suceso importente y los babilonios lo interpretarían como prueba de que podían comprender el lenguaje de los dioses, cuando en realidad no entendían que una relación aparente entre dos sucesos no tiene por qué ser un signo de causalidad. En el caso de la subida del nivel del Nilo y la aparición de Sirio, los dos sucesos parecen relacionados, pero la causa son las lluvias en su nacimiento, no la salida de la estrella.
Viene a ser algo parecido a mirar por la ventana y controlar cuántos coches pasan por la calle y de qué color son e intentar relacionar los datos con la evolución del valor de las acciones de la empresa en la que has invertido. Por supuesto, si lo hicieras durante 4.000 años (y la empresa no quebrara durante ese tiempo), muchas veces presenciarías conjunciones casuales extrañas, pero la inmensa mayoría de veces no observarás relación alguna y, desde luego, intentar decidir sobre tu inversión basándote en el color y la cantidad de coches que ves por la ventana sería una mala decisión económica.
Por suerte, hoy en día sabemos que los planetas no son dioses conspiradores, sino montones de roca o gas que flotan en el espacio y que las estrellas son bolas de plasma a las que no les importa que hoy vayas a dar un paso importante en tu vida. También sabemos que las formas que percibimos en las constelaciones no son más que una interpretación subjetiva, ya que las estrellas que las componen están separadas por grandes distancias y, si las viéramos desde otra perspectiva, las formas que nos resultan familiares desaparecerían.
¡Oye! Pero, ¿Y si realmente los astros tienen algún efecto sobre nosotros? ¿Y si su fuerza gravitatoria está alterando nuestra conducta?
La fuerza de la gravedad que ejercen sobre nosotros los otros planetas del sistema solar es tan pequeña que su efecto es más que despreciable. Por ejemplo, en su punto más cercano (a 629.000.000 km), Júpiter, el planeta más grande y masivo del sistema solar, tira de nosotros con una fuerza 34.000.000 de veces más pequeña que la de nuestro planeta.
El sol tira de nosotros con una fuerza 17.000 veces menor que la de la fuerza gravitatoria terrestre Tierra y la Luna con una tresmillonésima parte de la misma. Marte está más cerca que Júpiter, pero es muchísimo más pequeño, y los planetas que están más lejos de Júpiter son también mucho menos masivos que Júpiter, así que su tirón gravitatorio sobre nosotros es aún menor.
En realidad, la fuerza gravitatoria ejercida sobre ti (suponiendo que pesas 75 kg) por una persona de unos 120 kilos de peso a medio metro de distancia es más o menos la misma que la ejercida por Júpiter en su punto más cercano. O sea, que los cambios de posición de la gente y los objetos de tu inmediato ejercen más influencia gravitatoria sobre ti que el resto de planetas del sistema solar.
Sé que veces cuesta asimilar estos datos porque no tenemos muy pillada la proporción de las cosas en el sistema solar. Para hacernos una idea de la distribución real de los planetas y de su potencial efecto gravitatorio sobre nosotros, el siguiente vídeo muestra las distancias de los planetas y su tamaño a escala si el sol fuera un globo de 1 metro de diámetro.
En este otro enlace también se puede ver en texto (sin los planetas a escala, sólo las distancias entre ellos).
Hay otras cosas que no cuadran en la astrología.
Aunque los planetas ejercieran algún tipo de efecto sobre nosotros, los babilonios sólo conocían cinco planetas (los que pueden observarse a simple vista). Desconocían la existencia de Urano y Neptuno y hacían predicciones astrológicas sin tener en cuenta su “efecto”. Estos dos planetas no se añadieron a los “cálculos” astrológicos hasta su descubrimiento, en el siglo XIX. Por otro lado, Plutón también tiene cabida en la astrología… Pero no fue introducido en ella hasta su descubrimiento en 1930 (y tiraría de nosotros con una fuerza 981.000.000.000 veces menor que la de la Tierra).
Pero, como comentaba el otro día, hay muchísimos cuerpos de tamaños similares al de Plutón que se han descubierto recientemente pero que no son reconocidos por la astrología. Entonces, ¿Qué determina que un planeta tenga efecto sobre nuestras vidas o no? ¿Por qué Ceres, un planeta enano de 900 kilómetros de diámetro, es reconocido por los astrólogos pero no Eris, el gemelo de Plutón? ¿Por qué la astrología se consideraba válida durante todo este tiempo, si faltaba tanta información?
Eso por no decir que una de las cosas para las que se usa la astrología es la adivinación de tu personalidad según tu horóscopo y hacer predicciones para instruirte en el día a día. Leed, por ejemplo, mi horóscopo para el 24 de Junio: “La autogestión se basa en su autoconfianza y en la importancia que le brinde a sus sueños auténticos y a sus intuiciones. Una afirmación para poner en práctica hoy: Soy un caminante despreocupado y consciente, un padre, un amante, un enamorado, un compañero, un habitante de un mundo que quiere ser mejor…Un ciudadano del Universo que habita esta tierra y este tiempo, un caminante decidido a lograr mis objetivos.
¿Os sentís identificados con esta descripción? Seguramente sí (aunque no seáis Aries), porque no es más que una sarta de gilipolleces extremadamente generalizadas que suenan bien. De hecho, ese es uno de los secretos de la astrología: adularte sin decir nada. El otro secreto consiste en que, de entre la cantidad de gente que lee el horóscopo, por pura estadística acertará con alguien si se atreve a hacer una predicción un poco más precisa. Este es el típico caso de “pues a un amigo le acertó que…“.
He encontrado un experimento que me ha gustado mucho y que hicieron en un programa llamado “Penn and Teller tell a lie” (trata de un par de magos que se dedican a desenmascarar fraudes). En uno de sus capítulos explican por qué la astrología es una patraña y lo demuestran con este experimento:
Si no entendéis inglés, el experimentador pide tres datos a los estudiantes (su fecha de nacimiento, una frase que los describa y un código alfanumérico al azar) y dos días después reparte unas “lecturas de personalidad” hechas a medida con un programa informático que dice que está desarrollando. Luego pregunta cuál creen los estudiantes que es la precisión con la que su personalidad ha sido descrita. El 70% la consideran que es una aproximación buena o excelente.
En realidad, todas las lecturas de personalidad son exactamente iguales. Y están todas construidas con frases reales de horóscopos.
Y esto sólo es posible porque, igual que la astrología, el texto era un conjunto de generalizaciones y palabras bonitas que resultan tentadoras de creer.

ACTUALIZACIÓN EN RESPUESTA A LOS COMENTARIOS [01/12/2014]: 
En primer lugar, respecto a la frase de J.P. Morgan “los millonarios no usan la astrología, los multillonarios sí“.
He estado leyendo sobre ello y el hecho de que haya un multimillonario que pueda haber ganado dinero usando la astrología no demuestra nada, ya que detrás habrá un número aún mayor de gente que intentando el mismo método y no ha conseguido un duro. Por estadística, a alguien le tenían que cuadrar las predicciones: si la astrología de verdad funcionara, todo el que la usara se forraría y sería una práctica extendida.
Tampoco me ha sorprendido que haya agencias especializadas que ofrecen servicios de asesoramiento de inversiones basadas en la astrología. Por lo que he leído, estas llegan a las mismas conclusiones a las que puede llegar cualquier experto convencional en economía. Desde mi punto de vista, estas agencias tienen pinta de estar dirigidas por gente entendida en economía, que se da un rollo místico para diferenciar su producto del resto de competidores y atraer a un público concreto, sin dejar de usar sus métodos convencionales. Llamadme mal pensado.
Siguiendo con el tema de las cartas astrales: lo siento, pero no me parecen más que horóscopos elaborados. Por “desgracia” nunca me han hecho una carta astral, pero hay sitios como este donde las hacen online. Si una carta astral real se parece en algo a los resultados que dan esto (un montón de adjetivos muy vagos y dispares), entonces su precisión depende de las ganas que tenga una persona de creerse los piropos que le da alguien con un aire místico.
En cuanto a las fuerzas espirituales de los planetas, no depende de mí decir si existen o no (aunque me posiciono muy a favor del “no”), si no de los astrólogos de cuantificarlas y demostrar su existencia. Si existiera, habría maneras de demostrar su presencia.
Por supuesto, los astrólogos siguen cobrando por sus servicios pese a que a) no han intentado demostrar la existencia de esta fuerza espiritual o b) sus intentos han sido infructuosos. Cualquiera de las dos opciones los convierte en unos farsantes.
Finalmente, a la historia de Paloma sobre la mujer que le describió a su madre sin haberla conocido, puedo hacer cuatro hipótesis:
1) Es una historia inventada.
2) No está inventada, pero no está contada de manera objetiva o se están exagerando los hechos (a todos nos puede pasar esto, sobretodo con sucesos con gran carga emocional como los descritos). Los demás no podemos saber con qué exactitud esta señora describió los sucesos que comenta.
3) La señora realmente tenía alguna conocida (bastante cotilla) en común con usted y tan sólo estaba repitiendo lo que le habían contado. Puede que estuviera tan convencida de que tiene poderes espirituales que ni siquiera se paraba a pensar que tan sólo estaba repitiendo lo que alguien le había dicho.
4) Aún así, la estadística siempre será la mejor explicación a todos estos sucesos. Ya somos 7.000 millones de personas en el mundo y a todos nos están pasando cosas constantemente. Algunos de estos sucesos son muy probables y ocurren constantemente, y otros son muy improbables y ocurren con menos frecuencia. Hay más gente que se cae por las escaleras que gente a la que le toca la lotería, por ejemplo, pero somos tantos que siempre habrá alguien al que le toque la lotería. Inevitablemente, de toda la gente a la que debe haberle pasado, habrá alguien a quien una señora le diga cómo era su madre sin conocerla de nada y acierte.
Si la historia es verídica, entonces como explicación me decanto por la opción 4. He obviado la parte del embarazo porque se puede explicar de la misma manera. Muchos embarazos tienen complicaciones, así que puede tratarse perfectamente de casualidad.
En cuanto a los OVNIS, me los reservo para hablar de ellos en alguna entrada.
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